2 O 3 COSAS QUE YO SÉ DE ELLA


Nacido con el comienzo del otoño y del siglo XX, que habitó casi por completo, Robert Bresson fue un director de cine francés, aunque él consideraba que su arte era el del cinematógrafo. En una serie de entrevistas, publicadas como Bresson por Bresson, el director explicó la diferencia entre cinematógrafo y cine. Consideraba que este último seguía ligado a la representación teatral mientras que el cinematógrafo utiliza los recursos de la cámara y la edición para crear un lenguaje visual y sonoro completamente diferente. Son relativamente pocos los títulos de su filmografía, pero alcanzan para conformar y sostener esta idea. Pickpocket, de 1959, es una muestra de sus recursos y de la forma austera de administrarlos. Tal vez la austeridad sea el recurso principal. Los elementos visuales y sonoros se repiten en una sucesión cíclica: la lámpara, la cerradura rota, los billetes, los relojes, el sonido de ambiente de bares y subterráneos. Una y otra vez el protagonista, a quien vemos transformarse en un punga —carterista— profesional, entra y sale del cuarto miserable en el que vive, dejando la puerta entrecerrada o entreabierta según la ocasión, lo vemos subir y bajar las escaleras, tomar algo en un bar, ejercer su oficio, siempre con ese traje raído que le queda grande y acentúa su flacura. Igual como se repiten los escenarios, se repiten vestuarios y gestos de todos los personajes. Los espacios están vacíos antes que entren y quedan vacíos cuando salen de cuadro, como si estuviesen siempre de paso. Los diálogos son simples, directos, cortos, como si se tratase de decir solo lo necesario. A Bresson le gustaba trabajar con actores no profesionales o directamente con personas que no eran actores en absoluto y ensayaba mucho con ellos buscando una entonación neutra, según cuenta el mismo Martín LaSalle —protagonista de Pickpocket— en una entrevista realizada en 2006, lo que inviste a sus personajes de una actitud que podría considerarse “dura”, como si los intérpretes hubiesen abandonado su cuerpo para entregarlo al dominio de la cámara y a esa realidad. Las miradas vuelven al suelo a cada rato, como un signo de pudor o humildad. No hay intención de actuar la desenvoltura. Los planos cortos hacen aparecer fragmentados los cuerpos y adquieren importancia las manos y el sentido del tacto que son la herramienta principal del arte carterista. La proximidad de los cuerpos, el tacto afinado, la sustracción inadvertida, el revelado de los trucos pungistas, como vemos en una secuencia donde otro carterista le enseña sus trucos y en otra donde cometen varios robos encadenados con unos compañeros, se vuelven sensuales y precisas coreografías pinabauschescas.

A pesar de los componentes dramáticos de corte clásico como el personaje de la madre moribunda e indulgente y el de la muchacha inocente y sufrida que lo sigue de cerca hasta reunirse con él, rejas de cárcel mediantes, la sencillez y el despojo de adornos, subrayados innecesarios, incluso de explicaciones, nutre el film de profundidad, ya que no cae nunca en un discurso moralizante o esquemático.

En un momento, el carterista se ve impulsado a hablar con un policía que lo había detenido y soltado una vez, como una especie de acto incomprensible hasta para él mismo donde la presa corre hacia el cazador, para explicarle sus ideas acerca del delito y de quienes —por poseer un carácter extraordinario— cree que deberían ser eximidos del castigo. Hay muchos elementos literarios directos e indirectos presentes en el film, como esta ligazón a Crimen y Castigo de Dostoievsky, la referencia al libro The prince of pickpockets. A study of George Barrington... de Richard Stanton Lambert y otros como que el policía llame al carterista “joven escritor” —él cree que con ironía— y que estemos escuchando su voz en off proviniendo de su propia escritura, ya sea un diario, una confesión o su novela autobiográfica. Finalmente el carterista parece haberse vuelto escritor como si ese hubiese sido su destino desde un comienzo. En las palabras que le dedica a su amada al final, parece estar hablando de esto: “Para llegar hasta vos, qué extraño camino tuve que tomar”.

PICKPOCKET  

Robert Bresson | Francia, 1959 | 75'

Proyecciones Screenings
//Domingo 16 18:50 hs - con presencia de invitado

Cinema Paradiso

 

Soy Rosario Bléfari. Nací en Mar del Plata en 1965. En mis comienzos actué en obras de teatro dirigidas por Guillermo Kuitca y Vivi Tellas, y protagonicé la película Silvia Prieto de Martín Rejtman. Formé las bandas de rock Suárez, Sué Mon Mont. Mis libros de poemas son Poemas en prosa, ed. Belleza y Felicidad (2001), La música equivocada, ed. Mansalva (2009) y se encuentra en proceso de edición Antes del río por la misma editorial para este año. Llevamos adelante un podcast de literatura, actuación y música llamado Los Cartógrafos con Romina Zanellato y Nahuel Ugazio.
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